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Biografia.

¿Cómo nos movemos por este mundo? ¿Cargando con la ligereza de nuestra propia existencia y de manera estoica enfrentar las adversidades? Para mí es esa Levedad de nuestra propia existencia acompañada con estoicismo  lo que me ha enseñado a moverme por la vida. Desde 1997 he sido un compendio de deseos, añoranzas y escasas certezas. Estudio artes Plásticas con un técnico en Modelería industrial y cuatro semestres de Filología en Francés.  Disfruto de las cosas más nimias posibles y mis intereses a veces se ven nublados por el Mr hyde de mi Dr jekyll, esa eterna lucha de estos dos caballeros.

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Galería.

Añorar.

La mujer como objeto en el arte

  • alsanchezro
  • 18 oct 2020
  • 6 Min. de lectura

La presencia social de la mujer es de un género diferente a la del hombre, la presencia de un hombre depende del poder exterior que infunda en las personas de quien está rodeado, tal poder puede ser moral, físico, temperamentalmente, económico social o sexual. Por otro lado, la presencia de una mujer enuncia su actitud hacia ella misma, la presencia de una mujer se manifiesta por sus gestos, voz, opiniones, expresiones, gustos y manera de vestir. Nacer mujer ha significado ser mantenida por los hombres dentro de un espacio que se le ha sido asignado y ésta presencia de la que se ha hablado se desarrolló como ingenio para sobrevivir a estas exigencias que se le impusieron. De hecho, esta supervivencia ha sido posible gracias a la división en dos de la mujer, la examinante y la examinada, que son dos elementos constituyentes pero distintos de su identidad como mujer. Desde su infancia ha sido enseñada a examinarse continuamente ya que tiene que supervisar todo lo que es y todo lo que hace ante los demás y ante los hombres, debido a esto el sentido de ser ella misma es suplantado por el sentido de ser apreciada por otro.

Los hombres examinan a las mujeres antes de entablar algún tipo de relación, por consiguiente, la apariencia de una mujer determina el modo en el que este la trate. La manera de la mujer para adquirir control sobre este tema la mujer debe interiorizarlo. La parte examinante que hay en la mujer trata a la parte examinada de tal manera que demuestre a los otros cómo le gustaría a todo su yo que la tratasen. Este tratamiento hacia ella misma construye su presencia hacia los demás. John Berger lo resume esta situación de la siguiente manera; “Los hombres actúan y las mujeres aparecen, los hombres miran a las mujeres. Las mujeres se contemplan así mismas mientras son miradas.” Y así podemos discernir la relación que hay, no solo entre hombre y mujer, si no entre la mujer con ella misma, la parte examinante de la mujer es masculina.

El desnudo es una clase de pintura cuyo tema principal son las mujeres y en esta clase de pintura encontramos criterios y convenciones que llevaron a ver a la mujer como visiones.

Como es sabido, los primeros desnudos de los que se tiene conciencia son los de Adán y Eva y vale la pena recalcar dos hechos importantes que suceden en el relato del Génesis; el primero es que el momento en el que Adán y Eva comen la fruta prohibida cobran conciencia de su desnudez porque se ven el uno al otro de una manera distinta y el segundo; es a la mujer a quien se le culpa y es por esto que se le condena a estar supeditada al hombre.

En la edad media se ilustraba la desnudes escena por escena. Es en el Renacimiento donde se empezó a representar la desnudez solo “en el momento de la vergüenza” como lo dice John Berger, ya que su vergüenza estaba más relacionada con el espectador, vergüenza que posteriormente iba a estar más relacionada con el exhibicionismo.

En “El juicio de parís” se introduce un nuevo elemento; se premia con la manzana a la mujer que se considera más bella. Así, la belleza se convierte en objeto de competición. A las mujeres que no se consideran bellas no son bellas y las que lo son, reciben el premio.

Conviene señalar que en otras tradiciones no europeas la desnudez se considera de otra manera. Es acá donde se puede comprender la diferencia entre desnudez (nakedness) y desnudo (nudity) en la tradición europea. Según Kenneth Clark, estar desnudo es simplemente estar sin ropa, pero la desnudez es una forma de arte, ya que es un modo de ver propio de cuadro. Sin embargo, la desnudez no es exclusivo del arte, hay fotografías de desnudos, poses de desnudo, gestos de desnudos y, como dice John Berger “La autoridad de sus convenciones procede de cierta tradición artística”.

Estar desnudo equivale a ser visto desnudo por otros, sin embargo, no ser reconocido por uno mismo. Para que un cuerpo desnudo sea considera u cuerpo en desnudez es necesario que se le vea como un objeto.

La pintura al óleo del desnudo no muestra al protagonista principal que es el espectador y se supone masculino, todo va dirigido a él. Un ejemplo de esto se encuentra en el cuadro “Venus, Cupido, tiempo y amor” de Bronzino, aquí podemos observar una intención claramente sexual donde se pinta el cuerpo de venus de tal modo que se exhiba lo mejor posible para el espectador, el cuerpo está pensado para atraer su sexualidad, pero no la de ella. Sumado a esto, las expresiones en los rostros de las mujeres también responden con un encanto calculado al hombre que ella imagina que la está observando. Las mujeres han de alimentar un apetito, no tener sus propios apetitos.

Pese a que en los cuadros de este tipo haya una presencia masculina, a menudo, la mujer mira en otra dirección. En la categoría de cuadros pornográficos sucede algo similar, aunque aparezca una pareja haciendo el amor, el espectador expulsará al otro hombre con su mente. En otras palabras, el protagonista sexual del cuadro es el espectador-propietario.

Lo absurdo de la masculinidad alcanza su punto más alto en el arte académico público en el siglo XIX ya que los hombres de negocios hallaban consuelo en las pinturas cuando se sentían superados por alguien más, ver el cuadro les recordaba que era un hombre. Claro que hay uno que otro cuadro que no cumple con lo mencionado anteriormente y no se centraba en el espectador, es decir, adquiría su posición de extraño, la mujer desnuda no se había desnudado para él.

Al parecer, la desnudez tiene un valor visual, positivo y propio, queremos ver al otro desnudo, el otro nos da una visión de sí mismo y nosotros nos apoderamos de ésta. Nos sentimos abrumados por la simplicidad del mecanismo sexual. Al percibir la desnudez por primera vez entra en juego un elemento de banalidad ya que lo necesitamos porque ella nos devuelve a la realidad. Hasta ese instante el otro era un misterio para nosotros, el protocolo de pudor es razonable para reconocer ésta misma perdida del misterio y todo es meramente visual y nuestra percepción se desplaza por todo el cuerpo del otro y el otro queda reducido o elevado a su categoría sexual primaria, varón o hembra. Esta realidad que nace de la banalidad nos ofrece la posibilidad de la subjetividad compartida del sexo.

Es por esto que es tan complicado crear una imagen estática de la desnudez sexual, ya que, en la experiencia sexual, la desnudez en un proceso y si se separa un instante de ese proceso la desnudez resultará vacía.

Para ver esto más detalladamente, John Berger examina un cuadro de Rubens, en el cuadro, el pintor pintó a su amante en el momento de volverse, cubierta de un abrigo de piel que cae sobre sus hombros, la imagen es tan instantánea como la de una fotografía, pero este cuadro contiene cierto tiempo y experiencia, como dice John Berger. El cuadro trasciende a las sucesivas etapas que se han dado hasta y después del momento pintado, en otras palabras, la mujer está frente a nosotros, no como una imagen, sino como experiencia, la experiencia del pintor. Todo esto ya que el aspecto del cuerpo fue refundido por la subjetividad del pintor.

A parte de la necesidad de trascender al instante único y de admirar la subjetividad hay un tercer elemento esencial para una imagen de sexual desnudez, la banalidad, este elemento es el que diferenciará al mirón del amante.

En la pintura europea al óleo el desnudo es presentado como una manifestación admirable del espíritu humanista y este espíritu es inseparable del individualismo y, sin el desarrollo de este, nunca se habrían pintado imágenes extremadamente personales de la desnudez. Sin embargo, algunos artistas individuales encontraron una contradicción que no se podía resolver por sí misma y trataron de solucionarlo por su cuenta, aunque sin éxito alguno ya que sus soluciones no podían entrar a formar parte de los modos culturales de la tradición.

Hoy en día, la desnudez ha perdido importancia, pero las actitud4s y los valores que forman parte de la tradición se expresan hoy a través de otros medios, de difusión más amplio: publicidad, prensa, televisión. Pero el modo esencial de ver a la mujer, e uso al que se destinaban sus imágenes, no ha cambiado. Las mujeres siguen siendo representadas de una manera distinta a la del hombre ya que el espectador ideal sigue siendo hombre.

 
 
 

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